“1984” siempre ha sido un libro querido por los lectores en todo el mundo, ya que refleja una parte incomoda de la realidad de nuestra sociedad a pesar de los años transcurridos desde su publicación original.

La historia del libro nos sitúa en el continente de Oceania, uno de los tres bloques político-económicos asentados en el mundo tras la guerra nuclear. Oceania es un estado totalitario policial que demanda obediencia total a sus habitantes a los que controla gracias a su aparato propagandístico en aparatos de televisión que a la vez son capaces de registrar la actividad de los propios televidentes. Toda la información es controlada por la élite de la sociedad, el gobierno, que asienta este principio en la frase “La Ignorancia es la Fuerza”. En la novela una pareja de héroes, uno de ellos un propio represor político-policial y la otra una persona que oficialmente no existe, intenta descubrir la verdad recabando información de toda fuente que el gobierno intenta borrar. Un alegato que realizó el escritor británico en contra del totalitarismo, el capitalismo extremo y el conflicto de la Guerra Fría de postguerra.

Este año la novela ha tenido un incremento de ventas tan espectacular que ha pasado a convertirse en la más vendida de Amazon y todo ello coincidiendo con la llegada a la presidencia de EEUU de Donald Trump.

Indudablemente el lector se deja llevar por sensaciones y el supuesto camino ultraconservador que promete afrontar el presidente más poderoso del mundo hace que la novela tenga paralelismos con la propia realidad en la que vivimos y que sus compradores aumenten exponencialmente. El “Gran Hermano” ha vuelto a hacer acto de presencia en el mundo con la irrupción de Trump en  el mundo libre a pesar de todo el tiempo transcurrido desde su creación por Orwell. Eso sí, con una gran diferencia desde la primera edición de la novela hasta nuestro presente en el mundo global del Internet de las Cosas, hoy el peligro para los televidentes de Oceania no es la falta y tergiversación de la información sino paradójicamente todo lo contrario: el exceso de información y su inmediatez que consigue trivializarla.