En los últimos años ha irrumpido con fuerza en las listas de venta la narrativa fantástica, un género que a pesar de tener fieles adeptos siempre fue denostado y obviado por el gran público.

La culpa de este auge la tiene George R.R. Martin y su saga “Canción de Hielo y Fuego”, adaptada como serie de televisión por HBO.

Esta serie, “Juego de Tronos”, ha alcanzado unas cotas de popularidad sin precedentes, atrayendo la mirada de miles de fans hacia la obra original de Martin, convirtiendo a su autor en un referente de la literatura fantástica a la altura de J.R.R Tolkien ( El Señor de los Anillos ) o Terry Platchett (Mundodisco).
La saga literaria Canción de Hielo y Fuego es una premiada serie de novelas de fantasía épica escritas por el novelista y guionista estadounidense George R. R. Martin. . Originalmente planeada como una trilogía, la saga se ha alargado hasta siete novelas, con cinco tomos publicados y dos más en proceso.

La obra transcurre en un mundo fantástico medieval europeo, en el que la magia y las criaturas míticas han desaparecido hasta convertirse en meras leyendas del pasado.

Hay tres líneas argumentales en la serie dependientes entre si: la crónica de la guerra dinástica por el control de Poniente entre distintas familias nobles; la creciente amenaza de los Otros,criaturas no muertas, que son contenidos por una fanática orden de guerreros criminales y un gigantesco muro de hielo en el Norte; y el periplo de la ultima hija del rey de la anterior dinastía que fue asesinado en otra guerra civil hace quince años, para regresar a Poniente a reclamar sus derechos.

“Canción de Hielo y Fuego” nos presenta un mundo minuciosamente descriptivo y unos personajes de cautivadoras personalidades.

El gran acierto de Martin, alejándose de las premisas del género, ha sido crear un relato accesible para todo tipo de lector, no necesariamente seguidor de la fantasía épica, basando su obra en la aterradora humanidad de sus personajes, dominados por la brutalidad, la pasión, el poder, la intriga y la crueldad y no en los elementos fantásticos, acotados hasta la mínima expresión.

 

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