Las distopías totalitarias están de moda en Occidente. Si la elección de Donald Trump como presidente de la nación norteamericana supuso el asalto al número uno de ventas en Amazon de la novela “1984”, este año la versión televisiva de HBO ha catapultado al top a la distopía “El cuento de la criada” de la novelista canadiense Margaret Atwood (Ottawa-Ontario 1939), novela que curiosamente empezó a escribir en la primavera del año 1984 tal vez inspirada por la gran obra de Orwell.

Margaret Atwood está considerada una de las escritoras (novela y poesía) actuales más influyente con una obra destacada y con muchos galardones literarios, entre ellos el premio “Príncipe de Asturias de las Letras 2008” o el premio “Booker Prize” en el año 2000, el máximo galardón que se otorga en la literatura inglesa.

Toda su obra es un referente del movimiento feminista, ya que la trama central de sus escritos suele ser sobre la madurez femenino el cambio de rol sexual a medida que van pasando las décadas, siendo las más conocidas “El cuento de la criada” y “La mujer comestible”.

En “El Cuento de la criada” se nos narra cómo la sociedad estadounidense es controlada por un intolerante y totalitario puritanismo religioso tras un atentado en el que han acabado con el Presidente y el Congreso. Esta élite religiosa que ahora rige los destinos del país más poderoso del mundo crea una sociedad fundamentalista jerarquizada. La catástrofe llega en forma del descenso de la fertilidad y la natalidad y por esta razón en “La sociedad de Gilead” existen las criadas, esclavas sexuales de los comandantes (líderes religiosos de sus comunidades) cuyo único objetivo en la vida es la procreación siendo el escalafón inferior y a la vez la base crucial de la nueva estructura social, en la que una cota muy importante de poder es precisamente el control moral y represivo de las mujeres y su descendencia, algo común en la mayoría de los regímenes totalitarios y religiosos  a lo largo de la historia.

Además de este eje central sobre el que gira la novela y el fundamentalismo religioso, la escritora también toca otras inquietudes como la ecología, la preocupación medioambiental, el clima de división y odio entre los distintos grupos que forman la nueva sociedad e incluso como el uso de la pornografía atenta contra la seguridad sexual de las mujeres.

Como vemos la novela de la escritora canadiense sigue reflejando “una ficción especulativa” no muy lejana de los temas candentes en nuestra propia sociedad a pesar del tiempo transcurrido desde su primera publicación en 1985. Una lectura muy recomendable y de obligada lectura si se quiere conocer los fundamentos de la lucha feminista de la autora.