En cualquier conversación de literatura juvenil o de literatura contemporánea tiene que escucharse el nombre de Michael Ende. Obras del calado de “La historia Interminable” o “Momo” son leídas y disfrutadas por lectores en todo el mundo, incluyendo otra parte que visiona sus adaptaciones a la gran pantalla. Sin embargo muy pocos conocen la vida cuasi literaria de este alemán nacido el 12 de noviembre del año 1929.

Hijo del pintor surrealista Edgard Ende no solo quedó influenciado por la obra de su padre sino que en su juventud vivió en el ambiente del arte bohemio alemán acompañando, a pesar de una muy corta edad, a su padre en las ocasiones que este aprovechaba para vivir la vida desenfrenada, salvaje y regada por los excesos de los artistas alemanes.

Por supuesto que en esa década de los años 30 en las que floreció en Alemania el nazismo, la situación de la familia Ende fue empeorando a medida que el régimen se volvía cada vez más atrevido.

A pesar de ser un pintor reconocido internacionalmente el partido nazi atacando y prohibiendo la obra de Ende por considerarla “arte degenerado” y la familia tuvo que sobrevivir a duras penas en esos tiempos difíciles en la hasta entonces cultural Alemania. Así todo el disfrutó y creció con los mundos irreales que su padre plasmaba en sus cuadros y gracias a esto su mente fue capaz de crear unos ricos mundos fantásticos que sin embargo reflejaban la realidad interior de parte del alma humana. Un ejemplo es la aparente simplicidad de los antagonistas de la niña “Momo“, unos entes grises que roban y se nutren del tiempo de los hombres; esta sencilla idea ha acabado convirtiéndose en una nostálgica metáfora de la vida en nuestros tiempos en las que nos vemos superados por esa falta de tiempo.

En su juventud, mucho antes de escribir su obra, formó parte de un grupo antifascista el “Frente Libre Bávaro”. Paradójicamente fue llamado a filas y tuvo que servir en el frente donde vio como varios de sus amigos morían lo que le hizo desertar en refugiarse en la clandestinidad de los barrios pobres en Múnich.

Acabada la guerra retomó sus estudios y de 1947 a 1950 asistió a las prestigiosas clases de interpretación artística de Otto Falckenburg.

A principios de la década de los fue cuando comenzó a ganarse la vida como escritor, de una forma curiosa, ya que lo que le reportaba dinero era escribir crítica de cine. Quizás al trabajar para esa incipiente industria se dio cuenta de que la fantasía no era tratada de la forma debida y sus sueños de niñez rodeado de los mundos imaginarios que pintaba su padre, fue lo que le decidió afrontar el escrito de un relato fantástico en formato de novela infantil.

Así surgió  de la mente de Michael Ende “Jim Boton y Lucas el Maquinista” en 1960. En el mundo de esta obra ya vemos el amor y conocimiento del género de la fantasía que tiene el autor y que plasmará magistralmente en sus siguientes obras. En el reino más pequeño del mundo, Lummerland,  vive un maquinista con su locomotora y un trío de personajes singulares y surrealistas. Un día un barco trae un paquete que resulta ser un niño negro, Jim Boton. . Al hacerse mayor se ve exiliado junto a sus amigos Lucas y Emma. Al salir de su pequeñísimo páís empiezan a vivir extraordinarias aventuras. Una novela infantil con un mensaje antirracista que no solo aleccionaba a los niños sino también a los adultos.

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